miércoles, 23 de enero de 2013

POR QUÉ NO NOS COMEMOS A LAS MASCOTAS. Apunte Gastronómico.




Algunos deben haberse planteado el vegetarianismo como dieta después de conocer la detección de carne de caballo en unas hamburguesas  comercializadas en Irlanda. El caso ha transcendido y las "autoridades" han abierto una investigación. ¿Qué es lo sorprendente? Que la carne de caballo sea comestible.Sorprendente, para algunos.

  Dejemos de dar por hecho que la diferencia entre comestible e incomestible solo tiene que ver con la nutrición. Alimentos digeribles y nutritivos, cuando se marinan en nuestros prejuicios, se transforman en repugnantes. De qué tenemos que escandalizarnos si encontramos exquisitas la sangre en la morcilla, la lengua de vaca o las criadillas. 

A la hora de comer no solo nutrimos nuestro cuerpo, alimentamos la herencia cultural de nuestro árbol genealógico con sus creencias, supersticiones, hambrunas, etc. Lo que se califica como alimento en una parte del planeta es un sacrilegio a miles de kilómetros (p.e. la carne de vaca para los hindúes), un acto de crueldad (la carne de perro), o repulsivo(p.e. los insectos o la sangre de serpiente). 

 Si le ponemos nombre,  no nos lo comemos

¿Cómo vamos a cocinar a Toby después de haberlo cuidado, alimentado, acariciado y dejado que duerma en nuestro regazo? Sin duda, porque no tenemos hambre. Tenemos otras alternativas.
Entonces, ¿cómo es posible que en China haya sido habitual comer carne de perro? No se trata de sadismo gratuito, es por una razón lógica: la escasez de otros animales que proporcionen proteínas. 

Cuando hay hambre…

En Nueva Guinea era habitual tener como mascota a los cerdos. Las mujeres se encargaban de su cuidado, llegando a dar el pecho a los cochinillos. Según la antropóloga Margaret Mead, los cerdos: “agachan la cabeza cuando se les regaña o se frotan contra las piernas del amo para solicitar su favor”. No deja constancia de si se colocan panza arriba para ser acariciados o traen el periódico.
No por haber creado estos lazos de afecto dejan de ser comida para el grupo. Los hombres, ajenos al cariñoso trato dispensado, son los encargados de sacrificarlos para alimentar a la familia. Sin cargo de conciencia. Tan simple como saciar el hambre.

La mascota se come al hombre

En el antiguo Egipto, la aristocracia daba muestra de la pompa y estatus al mantener como animal doméstico a leones y tigres. Sin necesidad de latas de pseudo-paté, cual gato o perro común del siglo XXI, su dieta se basaba en el consumo de carne fresca humana de esclavos y prisioneros de guerra. Carne de primera para mantener un pelo brillante y la musculatura ágil.

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